El asma es una enfermedad respiratoria, caracterizada por la inflamación crónica de las vías aéreas (bronquios); También llamado exacerbación del asma, hace que las vías respiratorias se hinchan e inflaman, los músculos alrededor de las vías respiratorias se contraen, y estas producen un exceso de mucosidad que estrechan los tubos respiratorios. Esto dificulta la respiración y provoca tos, silbido al respirar (sibilancias), falta de aire (disnea) y sensación de ahogo.
El asma es una enfermedad cada vez más frecuente entre niños y jóvenes, se calcula que la padece el 5% de la población adulta y el 15% de los niños y adolescentes en países industrializados.
El asma bronquial se caracteriza por una obstrucción reversible y ocasional de la vía aérea que, si no se trata adecuadamente, puede llevar a una obstrucción permanente.
En Colombia, 10,4% de la población sufre de asma; El 23,4% la padecen menores de 4 años; El 12,4% niños de 5 a 11 años de edad; y el 11,5% jóvenes entre los 12 a 18 años, según la Guía de atención integral de asma alcances y objetivos, elaborado por la Asociación Colombiana de Neurología Pediátrica, y el ministerio de Protección Social y Colciencias.
Para clasificar la gravedad del asma, el especialista tiene en cuenta las respuestas a las preguntas sobre los síntomas (como la frecuencia e intensidad de los ataques de asma), junto con los resultados de la exploración física y de las pruebas de diagnóstico. La gravedad del asma se modifica con el paso del tiempo, por lo cual es necesario que se hagan ajustes al tratamiento.
El asma se clasifica en cuatro categorías generales:
Síntomas que se manifiestan durante todo el día, todos los días y que son frecuentes por la noche
Síntomas que se manifiestan una vez por día y más de una noche por semana.
Síntomas que se manifiestan más de dos veces por semana, pero no más de una vez por día.
Síntomas leves que se manifiestan hasta dos veces por semana y hasta dos noches por mes.
El asma en ocasiones aparece desde la infancia, o por antecedentes familiares positivos para alergias y asociados con una hipersensibilidad tipo 1 y otras manifestaciones alérgicas (IgE). El polen, los ácaros del polvo, partículas de la piel de gato y de perro, humo, aire frío, ciertos alimentos o aditivos alimenticios, contaminación atmosférica, materias irritantes, variaciones meteorológicas, aspergilosis y otros.
Por lo general, comienza en mayores de 35 años y sin antecedentes personales ni familiares. Se inicia por estímulos no inmunológicos, sin elevar IgE, representados por microbios, hongos, tos, trastornos psíquicos, estrés, etc…
Combinación con frecuencia de naturaleza bacteriana de factores intrínsecos y extrínsecos.
Los signos y síntomas de un ataque de asma constan de los siguientes:
Dificultad para respirar grave, opresión o dolor en el pecho y tos o silbido al respirar que se puede oír mejor cuando exhalas. Puede empezar como un silbido bajo que va aumentando el volumen.
Tos que te suele despertarte en las noches.
Problemas respiratorios que incluyen tener dificultad para respirar, sentirse con falta de aliento, quedarse sin aire, tener problemas para exhalar o respirar más rápido de lo normal. Cuando la respiración se hace muy difícil, la piel del pecho y cuello puede hundirse.
Valores bajos del flujo espiratorio máximo.
Síntomas que no responden al uso de un inhalador de acción rápida.
Tienes dificultad para caminar o hablar debido a que es muy difícil respirar.
Los labios o uñas se ponen morados o grises.
Estás confundido o reaccionas menos de lo habitual.
Los signos y síntomas de un ataque de asma varían de persona a persona.
Los pacientes asmáticos que son fumadores tienen peor control de la enfermedad y menor respuesta al tratamiento farmacológico. Se recomienda a todos los pacientes asmáticos dejar de fumar, así como evitar el tabaquismo pasivo.
Realizar actividad física de forma regular mejora la condición cardiovascular y la tolerancia al esfuerzo de los pacientes.
No realizar ejercicio en el exterior los días de alto nivel de contaminación ambiental.
Se recomienda la vacunación antigripal y antineumocócica a los pacientes con asma moderada a grave.
El tratamiento farmacológico del asma tiene como objetivo mejorar los síntomas del paciente y evitar las crisis asmáticas. Se debe ajustar periódicamente, de una forma escalonada en función de la gravedad y el control de los síntomas.
La mayoría de los tratamientos del asma se administran de forma inhalada, logrando un efecto local a nivel de las vías aéreas, con menos efectos secundarios.
Pídele ayuda a tu médico para identificar los signos y síntomas que en tu caso indican que el asma está empeorando.
En los últimos años se han desarrollado nuevos tratamientos para el asma, que están indicados en caso de asma grave, que no se controla a pesar del tratamiento convencional óptimo.
Son anticuerpos monoclonales dirigidos contra ciertas proteínas implicadas en los mecanismos de inflamación del asma. Usualmente se administran por vía subcutánea.
Es un procedimiento endoscópico, llevado a cabo mediante la fibrobroncoscopia flexible, que consiste en aplicar calor de forma controlada sobre las paredes de las vías aéreas, para así reducir el grosor del músculo liso bronquial y disminuir la hiperreactividad bronquial. Está indicado únicamente en casos muy seleccionados de asma grave, que no se controlan con el tratamiento convencional.
Colabora con tu médico para elaborar un plan de acción para tratar el asma, que detalle por escrito cuándo tomar ciertos medicamentos o cuándo aumentar o disminuir la dosis de medicamentos de acuerdo con los síntomas. Los ataques de asma graves pueden poner en riesgo tu vida. Colabora con tu médico para determinar qué hacer cuando los signos y síntomas empeoran, y cuándo necesitarás tratamiento de urgencia.